A la señora Presidente,
Me gustaría aclararle un par de puntos que la podrían llegar a sorprender, tal y como a mí me sorprendió el día que alguien aseguró que "la inseguridad es una sensación". Hasta ese entonces, yo no había experimentado nada. Hoy, esto cambió.
Sería grato para mi persona comentarle a la señora Presidente, de la sensación de vulnerabilidad que uno experimenta cuando la toman del cuello y le respiran las famosas líneas: "Quedate quieta, esto es un robo". Es una sensación de esas que uno no se imagina hasta que le pasa. Adoptando una posición positiva, espero que nadie la tenga que pasar sin embargo, dadas las condiciones - afirmo a mi pesar - que la gran mayoría podra experimentar la grata sorpresa de transición de lo puramente sensacional a lo real. Ya no es una sensación sino un hecho. Uno muy simple y a la vez complejo, uno que a mi criterio, la señora Presidente elige (y digo elige porque no quiero pensar que sea tan ingenua) no ver. En cambio, elige sobrevolar la ciudad cual Papa Noel en su trineo.
La inseguridad es un hecho que sufrimos el común de los ciudadanos, repare nuevamente, señora Presidente, que utilizé el concepto de "ciudadano". Hoy escuché las célebres líneas mientras el fotómetro me indicaba un f 7.1 y un tiempo de obturación de 1/320 de segundo. Perdí muchas horas de trabajo (además del celular). Y con esto le puedo asegurar, señora Presidente, que la inseguridad NO ES una sensación.
Saturday, 28 August 2010
Thursday, 24 June 2010
Y UN PAR DE MONEDAS
Salí. Era un típico martes de junio: soleado pero frío, tranquilo pero agitado, sorprendente pero previsible. En fin, como decía, un típico martes de otoño. En mi mochila habían unos chicles, un pedazo de cera, un juego de llaves, un paquete de galletitas a medio comer, un cuaderno, una lapicera y un par de monedas.
Salí. Era un típico miércoles de junio: vibrante pero apagado, cálido pero frívolo, divertido pero aburrido. En fin, como decía, un típico miércoles de otoño. En mi mochila había un lápiz labial, una caja de lentes de contacto, una pulsera, un cordón, un cuaderno, una lapicera y un par de monedas.
Salí. Era un típico jueves de junio: viejo pero nuevo, conocido pero desconocido, mediocre pero gustoso. En fin, como decía un típico jueves de otoño. En mi mochila había un celular sin batería, un caramelo chupeteado, una billetera, un pincel, un cuaderno, una lapicera y un par de monedas.
Salí. Era un típico viernes de octubre: tímido pero extrovertido, tonto pero vivaz, constante pero colorido. En fin, como decía un típico viernes de primavera. En mi mochila había una flor, una caja de fósforos, un pedazo de tela, una carta, un cuaderno, una lapicera y un par de monedas.
Fui dejando primero la flor, a una niña que lloraba, la caja de fósforos a un hombre que quería calentarse, el pedazo de tela a una mujer que protegía a su bebe y la carta a un desconocido. Un cuaderno, una lapicera y un par de monedas me acompañarían por el resto del camino. Me subí al primer colectivo con dos pesos, al segundo con uno diez, caminé. Me senté en una plaza a mirar el cielo, mirar como corrían las nubes, sus formas, su fragilidad, su delicadeza. Pronto me dormí. Me levanté y el cielo estaba estrellado, me quedé absorta ante la infinidad. Caminé, me subí al tercer colectivo con uno cincuenta. Me dormí. Me bajé y caminé. Respire profundamente mientras sentía el viento acariciendo mi cara, mi pelo, mis manos... Canté. Tomé prestada una bicicleta, ahora el viento se agalopaba contra mí mientras me dibujaba con completa sutileza una sonrisa; reí. Todo a mi alrededor era música y silencio, bailé. El murmullo de un río sirvió de "arrorró" para que durmiera nuevamente. Al despertar, comenzé a caminar, un colectivero ofreció gentilmente alcanzarme, hasta dónde, no sé. Las ondulaciones del paisaje me provocaron una sensación de calma, al bajar seguí caminando. Entré a un bar y allí estabas con la carta. Dejé el cuaderno, la lapicera y un par de monedas en tus manos.
Salí. Era un típico miércoles de junio: vibrante pero apagado, cálido pero frívolo, divertido pero aburrido. En fin, como decía, un típico miércoles de otoño. En mi mochila había un lápiz labial, una caja de lentes de contacto, una pulsera, un cordón, un cuaderno, una lapicera y un par de monedas.
Salí. Era un típico jueves de junio: viejo pero nuevo, conocido pero desconocido, mediocre pero gustoso. En fin, como decía un típico jueves de otoño. En mi mochila había un celular sin batería, un caramelo chupeteado, una billetera, un pincel, un cuaderno, una lapicera y un par de monedas.
Salí. Era un típico viernes de octubre: tímido pero extrovertido, tonto pero vivaz, constante pero colorido. En fin, como decía un típico viernes de primavera. En mi mochila había una flor, una caja de fósforos, un pedazo de tela, una carta, un cuaderno, una lapicera y un par de monedas.
Fui dejando primero la flor, a una niña que lloraba, la caja de fósforos a un hombre que quería calentarse, el pedazo de tela a una mujer que protegía a su bebe y la carta a un desconocido. Un cuaderno, una lapicera y un par de monedas me acompañarían por el resto del camino. Me subí al primer colectivo con dos pesos, al segundo con uno diez, caminé. Me senté en una plaza a mirar el cielo, mirar como corrían las nubes, sus formas, su fragilidad, su delicadeza. Pronto me dormí. Me levanté y el cielo estaba estrellado, me quedé absorta ante la infinidad. Caminé, me subí al tercer colectivo con uno cincuenta. Me dormí. Me bajé y caminé. Respire profundamente mientras sentía el viento acariciendo mi cara, mi pelo, mis manos... Canté. Tomé prestada una bicicleta, ahora el viento se agalopaba contra mí mientras me dibujaba con completa sutileza una sonrisa; reí. Todo a mi alrededor era música y silencio, bailé. El murmullo de un río sirvió de "arrorró" para que durmiera nuevamente. Al despertar, comenzé a caminar, un colectivero ofreció gentilmente alcanzarme, hasta dónde, no sé. Las ondulaciones del paisaje me provocaron una sensación de calma, al bajar seguí caminando. Entré a un bar y allí estabas con la carta. Dejé el cuaderno, la lapicera y un par de monedas en tus manos.
Sunday, 6 June 2010
PARA ELLA
"...la reabsorción de la crisis resalta la dificultad para que procesos..."
"...la reabsorción de la crisis resalta la dificultad para que procesos..."
Puta madre,
"...la reabsorción de la crisis resalta la dificultad para que procesos..."
¿Qué? No lo voy a leer por cuarta vez. Ya está me doy por vencida.
Espero para dejar de sentir y empezar a pensar mientras que el capítulo de "Predominio militar y profundización del autoritarismo" queda bajo agua.
Hay veces que la palabra no llega a transmitir un concepto en su totalidad y menos en relación a lo que se siente. Sea lo que sea que pueda escribir será simplemente para intentar dar forma al sentimiento amorfo que me inunda. No hay mucho que decir tampoco. Un simple te quiero, te admiro, te extraño y nos vemos.
Para siempre,
Sabru
"...la reabsorción de la crisis resalta la dificultad para que procesos..."
Puta madre,
"...la reabsorción de la crisis resalta la dificultad para que procesos..."
¿Qué? No lo voy a leer por cuarta vez. Ya está me doy por vencida.
Espero para dejar de sentir y empezar a pensar mientras que el capítulo de "Predominio militar y profundización del autoritarismo" queda bajo agua.
Hay veces que la palabra no llega a transmitir un concepto en su totalidad y menos en relación a lo que se siente. Sea lo que sea que pueda escribir será simplemente para intentar dar forma al sentimiento amorfo que me inunda. No hay mucho que decir tampoco. Un simple te quiero, te admiro, te extraño y nos vemos.
Para siempre,
Sabru
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